Un corredor biológico de café que reúne fauna, flora y turismo en 136 reservas
Cuevas, animales en peligro de extinción, una diversidad de plantas y una serie de cultivos habitan el corredor biológico del café en Guatemala. El área reúne 136 reservas naturales en 60 mil 850 hectáreas. La mayor parte de los cultivos corresponde a café, pero también se produce nuez de macadamia y hule.
Los paisajes son apreciados por la biodiversidad y los ríos. La Asociación de Reservas Naturales Privadas de Guatemala (ARNPG) como parte del Sistema Guatemalteco de Áreas Protegidas (Sigap) promueve la conservación de estos lugares, desde 1998.
En realidad son 275 mil hectáreas que pertenecen al corredor biológico del café, pero sólo los propietarios de 60 mil 850 se han interesado en inscribirlas como sitios protegidos. El corredor se divide en 6 nodos a lo largo del país (Palajunoj, Atitlán, Cadena Volcánica, Oriente, Petén y Verapaces).
Algunos bosques no tienen acceso a visitantes, su función tan solo es proteger las especies en peligro de extinción como el pavo de cacho, en el volcán San Pedro, menciona Saidi Canté, administradora financiera de la asociación. Otras en cambio promueven el turismo, en Retalhuleu por ejemplo se localiza Buenos Aires y en Santa Rosa, Erhco Park.
Según Federico Fahsen, presidente de ARNPG, las reservas naturales ayudan a capturar el carbono que mitiga los cambios climáticos, protege la zona de recarga hídrica y previene las inundaciones en los lugares aledaños.
La tercera parte del territorio nacional
De acuerdo con Claudia Molina, del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap), las 256 reservas ocupan 3 millones 519 mil 867 hectáreas, lo cual es similar al 32.32 por ciento del territorio nacional.
Estas extensiones son cuidadas por guardias que vigilan la tala de árboles y caza de animales. De encontrar a alguien en alguna de estas actividades se sancionará con multa o prisión como lo manda el Artículo 82 de la Ley de Áreas Protegidas, explica José Luis López, consultor de ARNPG.
“Lo que se intenta es preservar los paisajes”, por eso la asociación brinda educación ambiental en los establecimientos cercanos y en la capital todos los sábados a grupos de niños de entre los cuatro y ocho años de edad, agrega López.